ERASMO DE ROTTERDAM, UNO DE TANTOS AMIGOS DE SOMOS LOS MISMOS.
Desiderius Erasmus Roterodamus (1446-1536) fue una personalidad enormemente controvertida y molesta en su época. En la encrucijada entre la Reforma protestante y la obsoleta ortodoxia tradicionalista de la Iglesia cristiana, el cautelosos Erasmo se granjeó la enemistad y el repudio de ambos bandos: un traidor vendido al mejor postor para los luteranos y un peligroso reformista que, con sus doctrinas heréticas había apoyado al reformismo y perjudicado a la Iglesia de Roma.
Erasmo de Rotterdam, sentía poco aprecio por los teólogos y menos por la jerarquía eclesiástica, aunque fuese el mismísimo papa de Roma.
De lo teólogos de su tiempo, decía:
“Mejor fuera no agitar esa charca, ni tocar esa hierba pestilente… Están tan pertrechados de definiciones escolásticas, conclusiones, corolarios, conocen tan bien todos los subterfugios que ni las mismas redes de Vulcano serían capaces de atraparlos… No se paran en barras hasta querer explicar los misterios más arcanos: como, por qué y para qué fue creado el mundo; por qué canales se filtró a la posteridad el pecado original; por qué medios, en qué medida y durante cuánto tiempo se formó el cuerpo de Cristo en el vientre de la Virgen; y finalmente cómo pueden subsistir los accidentes sin la sustancia en la Eucaristía… Hay otros temas que cuando surgen les ponen alborotados. Tales son: ¿Hay un instante en la generación divina? ¿Hay varias filiaciones en Cristo? ¿Podría Dios haber tomado la forma de mujer, de diablo, de guijarro, de calabaza? En este caso, ¿de qué manera la calabaza podría haber predicado?… Quedan todavía innumerable sutilezas… En todas ellas reina tal erudición y tal complejidad de dificultades que me imagino que los mismos apóstoles necesitarían otra vez del soplo del Espíritu Santo si tuvieran que discutir hoy sobre estos temas… Pedro recibió las llaves de manos de Aquél que no las hubiese entregado a quien no mereciera su confianza. Ahora bien, dudo de que entendiera y menos que llegara a captar alguna vez la sutileza que supone disponer de la llave de la ciencia sin poseer la ciencia… Ocupados, día y noche, con estas embelesadoras memeces, no les queda ni un momento de ocio para dedicarlo a leer siquiera una vez el Evangelio o las cartas de san Pablo. Y mientras malgastan el tiempo en estas solemnes tonterías de escuela, piensan que sostienen con sus argumentos la Iglesia, que de otro modo se derrumbaría… Describen al infierno con tantos detalles y tan a lo vivo que se diría han pasado varios años en aquella república…
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De los Sumos Pontífices, dice:
Si los vicarios de Cristo se propusieran alguna vez imitar su vida, pobreza, fatigas, doctrina, cruz y desprecio del mundo… ¿habría alguien más angustiado? ¿Habría alguien que quisiera tal cargo y, una vez conseguido, lo defendería con la espada, el veneno y toda clase de violencia? A cuántas comodidades tendrían que renunciar si por una vez mostraran una chispa de sensatez. ¿Sensatez he dicho? Sería suficiente aquella pizca de sal de la que habla Cristo para liberarlos de tantas riquezas, honores, territorios, victorias, cargos, prebendas, tributos, indulgencias, caballos, mulos, satélites y comodidades… Hoy, sin embargo, casi todo lo que supone trabajo se lo encomiendan a san Pedro y san Pablo, que tienen tiempo para ello, reservándose para sí todo lo que significa boato y comodidad. Como consecuencia no hay clase social que viva tan placentera y cómodamente como ellos. Piensan que Cristo está satisfecho de ellos, si saben hacer su papel de obispos, impartiendo bendiciones y anatemas, desplegando su escénico y misterioso atuendo, sus ceremonias, y sus títulos de beatitud, reverencia y santidad… Sólo les quedan como únicas armas esas dulces bendiciones que tan espléndidamente prodigan: entredichos, suspensiones, excomuniones y anatemas y, sobre todo, ese rayo fulminador, en cuya virtud lanzan las almas de los mortales al más profundo tártaro. Estos santísimos padres en Cristo contra nadie fulminan con tanta ira sus rayos vengadores como contra aquellos que, movidos por el diablo, intentan disminuir o erosionar el patrimonio de san Pedro… Quemados por el celo de Cristo, luchan a sangre y fuego por defender esos bienes, creyendo defender de forma apostólica a la Iglesia, esposa de Cristo, por medio del exterminio de los que llaman sus enemigos. ¡Como si los impíos pontífices no fueran los peores enemigos de la Iglesia que, con su silencio, dejan que Cristo quede desfigurado, que lo maniatan con sus leyes de mercenarios, lo adulteran con interpretaciones forzadas y lo yugulan con su vida nauseabunda!......( EL ELOGIO DE LA LOCURA)-




